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#DeMaromasyMareados Me llamas Paria…

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Me llamas PARIA.

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Me llamas <<paria>> intentando denigrarme, me insultas con adjetivos, me descalificas, me hieres; con tus acciones piensas doblegar el espíritu, ese espíritu de lucha, de subsistencia que no conoces. Fui creado por una raza de hombres de bronce, que se levantan de las derrotas, que gritan cuando tu quieres que callen, hombres labrados con fuego en la piel, que soportan tus  vilezas , las mentiras con las que nos llenas todos los días dentro de  esas cajas negras con colores brillantes que llamas televisión. Fui concebido por esa raza altiva, orgullosa de su país, de su patria, labradores de la tierra, de la cual dan de comer a sus hijos, que siembran maíz y cosechan panes, hacemos crecer la tierra y los árboles frutales, que nos levantamos antes de que el sol se ponga y nos acostamos hasta después de perderse en el horizonte, somos los campesinos, los sucios, los desarropados, los chundos, los indios, además de tantos otros sobrenombres que te encanta decirnos, en cambio tu, te la crees de rico con tu ropa elegante, oliendo a nuevo, a lavanda y tus mujeres a perfume caro, que te sientes omnipotente y deseas comprar a Dios con tu dinero mal habido, dinero mal parido, en tus tranzas y cochupos, tu, que no ensucias tus delicadas manos metrosexuales, no sabes tomar un arado o una oz, que solo siembras odio en tu alma, rencor, repudio, que todos los días de tu vida nos ves en las calles laborando y nos escupes tu maldad, ¿Me llamas Paria?

Soy el rencor de la madre que camina sobre los montes agrestes buscando a sus hijos perdidos, enterrados en esos hoyos perdidos en la selva, sin nombre, sin pasado, hundidos en esas fosas clandestinas, entonces, ¡¡llámame clandestino!!, el insurrecto, el que se encuentra esperando la mano que abra en la tierra pisoteada y un día haga surgir mi rostro, cara de hombre o de mujer para volver con los míos, los que me esperan, los que elevan sus oraciones para mi regreso, mientras  tú, sigues siendo el silencio maldito que arrebata los gritos y el llanto de los caídos, eres la escoria que te ufanas en creer que asesinando nos callas la boca: a nosotros que somos el murmullo de miles de jóvenes masacrados en la plaza de las tres culturas, somos los normalistas de Ayotzinapa, los campesinos de aguas blancas, las mujeres del Edo. De México, las de Juárez,  nos vimos impotentes ante tus balas, ante el paso de tus camiones llenos de soldados, ante los granaderos ignorantes, agresivos, majaderos, entonces nos llamas comunistas, fascistas, estudiantes. Pero aunque te sientes superior delante de nosotros, y te encierras en los muros de las cámaras de tus esbirros, tus secuaces, los malditos; aun así, sentiste el peso de nuestra mirada, te dio terror y sentiste miedo al ver nuestra valentía, porque nuestras armas fueron los libros, la educación, ante tal terror y para tratar de socavarnos,  nos arrebataste la historia, el civismo, hasta  nuestras lenguas naturales.

Con toda la maldad de la que eres capaz nos has creado, nos has despojado la dignidad, el sustento; luego quieres que te besemos las manos diciéndote señor gobierno, usurpaste nuestras tierras, talaste nuestros bosques, nos hiciste pobres, jodidos, andrajosos y cuando nos quedamos sin trabajo, sin milpas sembradas, sin hijos por los que luchar, tuvimos que migrar, huimos de nuestros pueblos para ganarnos el alimento en otros horizontes, cruzamos el río bravo que alguna vez fue nuestro, ahí, en ese País extranjero, también están los de tu misma especie, los rubios de ojos azules, los gringos, en ese lugar nos llaman ilegales, migrantes, nos humillan, maltratan, nos persiguen, nos matan, violentan nuestros derechos y nos golpean y tú que sueñas ser como ellos, te quedas callado, enmudeces y te postras a sus pies haciendo lo que esos grandes señores digan, ante ellos nunca nos defiendes, para ti y los tuyos somos tan solo estadísticas, números que cambian según la época y eso hace que nos odies. Entonces, heridos levantamos nuestras manos, nos unimos, protegemos a nuestro pueblos nos juntamos para volver a tener la ley en nuestras plazas, resguardamos a costa de nuestras vidas a nuestras mujeres, a nuestros hijos; nos llamas ahora delincuentes, guerrilleros, nos apresas, encarcelas, inventas delitos que tus jueces aceptan y nos refundes en tus celdas, somos autodefensas por obligación, para preservar lo que no has querido, defendemos la vida de nuestros hijos e hijas, custodiamos nuestras tierras y eso te enoja, hacemos las labores de vigilancia que no han hecho por su indiferencia, nos llenan de spots, de frases huecas, que solo son palabras, motivos de campañas políticas, te burlas de nosotros, nos regalas despensas, cubetas, dinero y lo peor es que lo haces con nuestro propio dinero, nos haces creer que eres el único capaz de ganar las elecciones, te ríes a carcajadas y dejas a tus hijos que nos llamen nacos, prole, huevones, nos desdeñas sabiendo que por nosotros sigues encerrado en  tu cúpula de oro, te aprovechas que muchos de nuestros hermanos no tienen dignidad y le ponen precio de quinientos pesos o una torta de huevo, nos llamas jodidos y tus secuaces de siempre, los dueños de los medios masivos de comunicación nos tratan como idiotas presentándonos programas estúpidos en sus canales y ocultan la verdad con sus paleros periodistas, negándonos  el derecho sublime a la verdad. Me llamas Paria y tus partidarios te secundan, nos persigues, humillas, nos lastimas, lastimas nuestros cuerpos y profanas nuestras tradiciones, entonces nos llamas insurrectos, los proscritos, los malditos, nos hicimos tus enemigos, porque leemos, nos manifestamos, marchamos, caminamos y buscamos a nuestros perdidos, lo que tu gente no hace y solo prometes buscarlos cuando alguna institución extranjera lo demanda, buscamos cualquier indicio de nuestros desaparecidos, los desechados, violados, aterrorizados, quemados en lugares que tú conoces y ocultas, mientras entre nosotros buscamos a nuestros hijos e hijas, a los también  perdidos de otras partes de centro América, a los que llamas desechables, míranos caminar por vuestras calles, por las plazas, por los  jardines, obsérvanos buscando la paz y lavando con nuestro llanto el desasosiego que nos embriaga, llanto que surge incontrolable de nuestros cuerpos cansados, de nuestras pieles curtidas del sol que nos abraza y nos quema, mira detenidamente como resurgimos, como nuestras voces claman del alma.

Tu nos llamas parias pero somos clandestinos, alzamos la voz, gritamos nuestro descontento somos la voz de los que caminan, sufren, lloran, somos un puñado de hombres y mujeres, dignos, leales, con ideales, que transformamos la nación, porque somos los de abajo, porque compartimos nuestros sueños como el mendrugo de pan que metemos a la boca somos los hombres y mujeres que no se cansan, que transitan en sus espacios de trabajo, con sus ideales, que en las charlas de sobremesa, dan a conocer sus argumentos para cambiar el destino de un país vilipendiado, somos los sediciosos, en silencio hemos logrado meternos dentro de tus instituciones y vamos convenciendo a partir de tu odio y tu desprecio para con nosotros, que esta Nación debe  cambiar, nos hemos transformado en tu pesadilla porque hemos logrado que mas insurrectos tomen un libro y dejen las arma, somos el temor que te persigue a todos lados  porque hemos dejado de tenerte miedo y aunque recurres a tus carretadas millonarias de dinero para comprar a los indecisos, a los cobardes que venden su dignidad y se conforman con monedas, no puedes socavarnos; ocultas tu miedo, tu pánico, porque bien sabes esos que los que ahora compras son volubles y no los compraras toda la vida, nos odias y de tus ojos surgen llamas de hiel amarga.

 Ahora hacemos el trabajo que no harás nunca, nos hemos convertido en la revolución de las conciencias, somos la voz que surge de los ordenadores distribuidos a lo largo del país o en el extranjero, somos los ciudadanos que hablamos de la verdad, esa verdad que has mantenido oculta y ahora es nuestra verdad, tomamos nuestros micrófonos baratos y hablamos de lo que haces, de tu historia, de tus manos pintadas de rojo, del rojo de la sangre de todos los que han caído bajo tu régimen, bajo tu brazo de tolete y balas de goma. Tú me dices paria, pero no me conoces, sabes que existo y tiemblas porque en el momento menos pensado entraremos a tu casa, sin levantar un arma, sin esgrimir más que la voz y nuestro voto, te sacaremos del gobierno como tendría que haber sido hace tiempo y no será nada violento, lo prometo, será como la marea, subiremos poco a poco y entraremos a tus instituciones porque escúchame bien, y escucha fuerte, no somos parias, somos los anónimos, a los que tienes miedo.

G.C.

28/03/16

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Editor del sitio radioamlo.org

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