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SEXO CRISTIANO.

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Por: Javier Mendoza Aubert
para el programa LOS ATRACTIVOS DE LA NOCHE de RADIOAMLO.  
 
 
Monja picantePocas de las palabras de Jesucristo que sobrevivieron al paso del tiempo se refieren al sexo, y sin embargo las autoridades cristianas se han preocupado mucho por la cuestión de la moralidad sexual durante más de dos milenios.
 
En los años recientes, debates sobre la homosexualidad, el aborto, el divorcio, la anti-concepción y la problemática del abuso sexual de menores por parte de sacerdotes, han dividido a los cristianos y ha hecho estragos en la Iglesia.
 
Pero si Jesús no tenía mucho que decir sobre el sexo, ¿cuándo y de dónde surgieron los preceptos de moral sexual cristianos? ¿Por qué la masturbación, masculina y femenina, sigue siendo un poderoso tabú, fuente de incontables culpas? ¿Qué dice la Biblia del sexo?
 
Todos los cristianos se basan en la Biblia para establecer las enseñanzas y prácticas que normarán sus conductas. La Biblia contiene el Antiguo Testamento (la Biblia hebrea o hebraica) y el Nuevo Testamento (que consta de cuatro Evangelios además de las cartas conocidas como “epístolas” y atribuidas a Pablo de Tarso y otros escritores cristianos del siglo I AD).
 
De ese material, el Antiguo Testamento, y las epístolas de Pablo, Lucas, Juan, etc., es de donde la Iglesia ha extraído, o inventado, la normatividad de una ética sexual cristiana.
 
Veamos algunos ejemplos de cómo, a partir de ambiguos pasajes de la Biblia, se han construido interpretaciones a modo para culpabilizar el sexo y ponerle grilletes al matrimonio burgués judeocristiano.
 
1.- Sobre la Homosexualidad, el libro “Levitico 18:22” nos dice:
 No te acostarás con un
varón al igual que
con una mujer;
es una abominación”
 
Y en “Romanos 1:27” nos dicen:
…los hombres, abandonando el uso
natural de la mujer, se encendieron en
su lujuria unos con otros, cometiendo
hechos vergonzosos”
 
Sin embargo hay que decir que el Levítico es un  libro judío del Antiguo Testamento que no recoge lo dicho por Jesús, y “Romanos” es una epístola (carta) de Pablo de Tarso que contiene la interpretación de lo sucedido y de lo supuestamente expresado por Jesús, el cual, por lo demás, nunca dejó escrito alguno.
 
No obstante, hasta el día de hoy la Iglesia católica considera la homosexualidad como un pecado mortal.
 
Entre las Iglesias protestantes, la opinión está dividida. Algunas ya no ven el comercio entre mismo sexo como un pecado distinto a otras variedades de conducta sexual, y otros pensadores prefieren discutir el tema basándose en el énfasis que Jesús ponía en el amor, la fidelidad y la compasión.
 
Lo cierto es que hay un doble rasero, muy propio de la iglesia: se condena la homosexualidad pero se tolera y se justifica la pederastía    
 
2.- Sobre el Celibato,la religión de Jesús, el judaísmo, tenía muy pocas cosas positivas que decir respecto a abstenerse completamente de tener relaciones sexuales. El giro hacia la exaltación del celibato en el cristianismo llegó más tarde, en parte debido a comentarios que aparecen en una carta de San Pablo a los corintios, y fue reafirmado a partir del siglo II, cuando algunos hombres y mujeres empezaron a llevar vidas en el celibato como monjes y monjas.
 
La crítica más certera que se le hace al celibato religioso proviene de un evidente plano económico: Roma, en su afán de captar los diezmos de las cientos de miles de Parroquias en todo el mundo, y controlar ferreamente esta riqueza, prescribe el celibato como medida para que lo recolectado no se desvíe hacia las necesidades y controles de las mujeres eventuales esposas de los sacerdotes. Es indispensable no estar casado para acumular, sin sombras rivalizantes, todo lo recolectado, y éste es precisamente el punto en el cual se dan la mano el capitalismo y la Iglesia: la acumulación como principio rector.
 
3.- Sobre el Matrimonio, Mateo reportó que en varios pasajes Jesús había elogiando las bondades del matrimonio monógamo, y había así mismo advertido en contra del divorcio, todo esto bajo el marco de las costumbres y valores hebreos. No obstante, durante los primeros mil años de la historia cristiana muy pocos profesantes de esta fe habrían considerado celebrar su boda en una iglesia, ya que ésta no era el lugar para tal fin, sino notarías y registros civiles que consignaban tales sucesos.
 
Las cosas cambiaron en el siglo XI, cuando el papa Gregorio VII sometió al matrimonio bajo el control de la Iglesia. Y fue en 1184 cuando el matrimonio fue declarado un sacramento (un signo indisoluble de la gracia de Dios), en el mismo plano que el bautismo y la sagrada comunión.
 
Sin embargo, aunque Jesucristo fomentaba la monogamia, también predicaba el perdón por sobre todas las cosas. Cuando le preguntaron si una mujer adúltera debía ser lapidada, respondió:
 
“El que de ustedes esté sin pecado, 
sea el primero en tirar una piedra” 
Juan 8:7.
 
4.- Sobre la Anti-concepción, Jesús dijo –en vos de dos de sus discípulos- :
 
“El hombre dejará al padre y a la madre y se
unirá a su mujer, y los dos serán una
sola carne (…) por lo tanto, lo que Dios
juntó, no lo separe el hombre”
Mateo 19:5-6
 
y también: 
 
¡Bendita tú entre las
mujeres, y bendito el
fruto de tu vientre!”
Lucas 1:0-3
 
Tras casi 300 años de persecución a los fieles de Jesucristo, el Imperio romano bajo Constantino adoptó el cristianismo como su religión oficial. Pero la nueva Iglesia latina no se basó únicamente en la Biblia para establecer sus enseñanzas, sino que también buscó la guía de teólogos y filósofos, algunos de ellos inspirados en la austera filosofía griega que celebraba la preponderancia del espíritu por encima del cuerpo.
 
Uno de estos teólogos, y acaso el principal, fue San Agustín de Hipona, la máxima personalidad de la Cristiandad occidental que nació en el siglo IV en un poblado de lo que hoy en día es Argelia. Este filósofo fue quien reformó radicalmente la visión cristiana del sexo, argumentando que el deseo sexual –la “lujuria”– había animado a Adán a aceptar la propuesta de Eva de probar la fruta prohibida del Árbol de la Sabiduría. Así fue asociado por primera vez el deseo sexual con los orígenes del pecado. Su manera de pensar fue quizás responsable del extenso legado de confusión y ansiedad frente al sexo en la Iglesia occidental.
 
La unión declarada por San Agustín entre el sexo y el pecado dejó a muchos cristianos, a partir de entonces, con una sensación de vergüenza ante el deseo sexual y el mágico y bendito acto de saciarlo.
  
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Leído el miércoles 6 de Enero de 2016, a altas horas de la noche, en el programa LOS ATRACTIVOS DE LA NOCHE. 

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Acerca de Javier Ernesto Mendoza Aubert

Licenciado en Comunicaciones desde 1978, publicista/mercadólogo, Auditor ISO 9001:2008.

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