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Mancera, la traición

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En 1997, casi 30 años después de la gran derrota con que concluyó el histórico movimiento estudiantil el 2 de octubre 1968, ganamos la Ciudad de México. Y al decir “ganamos”, no me refiero a esa cosa a veces difícil de precisar, llamada izquierda, sino a todos los habitantes de esta gran urbe, conocida como Distrito Federal. Para empezar, tras el gran despliegue solidario que siguió al sismo del 19 de septiembre de 1985, con el que la ciudadanía mostró una fuerza hasta entonces desconocida, los habitantes de la capital ganamos el derecho a elegir a quien habría de gobernarnos. Anteriormente la jefatura de gobierno era ocupada por un regente designado por el presidente de la República.

A partir de 1997, pudimos elegir al jefe de gobierno capitalino y mayoritariamente los electores optaron por la izquierda. Cuauhtémoc Cárdenas fue el primer jefe de gobierno y en términos generales realizó bien su trabajo, durante los tres años que duró aquel mandato. Le siguió, de 2000 a 2006, Andrés Manuel López Obrador, quien se tomó en serio el mandato popular, escuchó las necesidades de la población e impulsó una serie de programas sociales históricos. En el sexenio siguiente, Marcelo Ebrard fue el electo para gobernar la Ciudad de México. Destaca de su administración, el haber impulsado importantes reformas en lo concerniente a la igualdad de géneros, convirtiendo al DF en la primera ciudad donde se llevan a cabo matrimonios entre homosexuales, así como la única entidad donde las mujeres, voluntaria y legalmente, pueden optar por el aborto en las primeras semanas de embarazo.

Después, a partir de diciembre de 2012, comenzó la gran farsa ejecutada hasta la fecha por Miguel Ángel Mancera, quien a pesar de haber llegado al poder postulado por la izquierda y haber recibido una abrumadora mayoría de votos, no ha hecho sino traicionar a quienes lo llevaron al poder, sirviendo descaradamente a quienes, él cree, habrán de ayudarlo a ser presidente de la República. Lejos de impulsar el desarrollo de programas sociales, Mancera se las ha ingeniado para entorpecerlos. Además, el derecho de ser respetado y protegido por la policía, ganado a pulso por la ciudadanía ha sido revertido por el jefe de gobierno y nuevamente la población es amenazada, extorsionada y reprimida por las fuerzas del orden citadinas.

A partir de que Cárdenas fue jefe de gobierno, los automovilistas dejaron de ser presa de la policía de tránsito. En el 2006, las policías preventiva y auxiliar, custodiaban las protestas de los ciudadanos sin violentarlas, por ejemplo, en el plantón. La situación cambió para los manifestantes bajo la administración de Mancera quien, desde el principio de su mandato, se ha dado gusto reprimiendo. Ahora, con la puesta en práctica del nuevo reglamento de tránsito, los automovilistas volverán a ser presa de caza y, nuevamente, víctimas de la tradicional y tan mexicana mordida. Es obvio que la nueva reglamentación y las sanciones que impone, están encaminadas a recaudar dinero, y no sólo para la tesorería del DF, sino para una empresa privada. O para los agentes de tránsito, quienes pedirán a los infractores que utilicen su criterio y les suelten una lana a ellos y no se vean obligados a pagar una cantidad mayor en la tesorería.

En general, las multas previstas por el nuevo reglamento de tránsito, son excesivas, aunque algunas sean necesarias y hasta justas, como las que se prevén para quienes al manejar hagan uso del celular; otras, se impondrán por motivos tan ridículos como circular en vialidades primarias a más de ¡50 kilómetros por hora! Podría parecer falta de inteligencia o de sensibilidad multar por circular a velocidades que de ninguna manera pueden considerarse peligrosas; no lo es, se trata en realidad de un plan puesto en marcha para esquilmar automovilistas y, de paso, mostrar quien tiene el control de la ciudad.

Circular por una avenida o un eje vial, ahora parece un viaje al totalitario 1984 de George Orwell; abundan las señalizaciones recordándonos que “el gran hermano te vigila”. Trastocar el poder otorgado por el pueblo y utilizarlo para fastidiarlo a través de las instancias que debían protegerlo, es una traición. También una advertencia: ¡Cuidado con los totalitarios!

@Vegdelanoche

Nota editorial de #LosAtractivosDeLaNoche, programa de radioamlo.org (emisión del 13 y 14 de enero de 2016), que se transmite los miércoles desde las 11:00 de la noche, hasta altas horas de la madrugada.

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