Your message has been sent, you will be contacted soon

Call Me Now!

Cerrar
Inicio » Secciones » Actualidad » ASÍ NACIERON LA TORTUGA, EL PAPAGAYO Y EL JAGUAR.

ASÍ NACIERON LA TORTUGA, EL PAPAGAYO Y EL JAGUAR.

Obtén el código QR de esta página o post.
Por Javier Mendoza para el programa LOS ATRACTIVOS DE LA NOCHE de RADIOAMLO.
.
Dia y noche
.
 
En esta ocasión les comparto tres textos de Eduardo Galeano, tomados de su extraordinario libro “MEMORIA DEL FUEGO”. En ellos se hace patente la exuberante imaginación de los pueblos precolombinos, raíz que nos sostiene aunque pretendamos negarla de forma cotidiana e insensata y a la cual debemos una profunda reivindicación y revaloración, para trascender lo que Raúl Páramo llamó “El trauma que nos une” como latinoamericanos: la caída estrepitosa de un mundo esplendoroso y vital como ninguno otro.

1.- La tortuga. 
Cuando bajaron las aguas del Diluvio, el valle de Oaxaca era un lodazal. Un puñado de barro cobró vida y caminó. Muy despacito caminó la tortuga. Iba con el cuello estirado y los ojos muy abiertos, descubriendo el mundo que el sol hacía renacer.
Era un lugar que apestaba, y la tortuga vio al zopilote devorando cadáveres.
—Llévame al cielo —le rogó—. Quiero conocer a Dios.
Mucho se hizo del rogar el zopilote: estaban sabrosos los muertos. La cabeza de la tortuga asomaba para suplicar y volvía a meterse bajo el caparazón, porque no soportaba el hedor.
—Tú, que tienes alas, llévame —mendigaba.
Harto de la pedigüeña, el zopilote abrió sus enormes alas negras y emprendió el vuelo con la tortuga a la espalda. Iban atravesando nubes y la tortuga, escondida la cabeza, se quejaba:
—¡Qué feo hueles!
El zopilote se hacía el sordo.
—¡Qué olor a podrido! —repetía la tortuga.
Y así hasta que el pajarraco perdió su última paciencia, se inclinó bruscamente y arrojó a la tortuga a tierra.
Entonces Dios bajó del cielo y juntó sus pedacitos. En el caparazón se le pueden ver claramente los remiendos.
————–
Así nació la tortuga.
 
 
 
2.- El papagayo. 
Una vez terminado el Diluvio, la selva estaba verde pero vacía. El Sobreviviente arrojaba sus flechas a través de los árboles y las flechas atravesaban nada más que sombras y follajes.
Un anochecer, al cabo de mucho caminar buscando, el Sobreviviente regresó a su refugio y encontró carne asada al fuego, y tortas de mandioca. Lo mismo ocurrió al día siguiente, y al otro. Él, que había desesperado de hambre y soledad, se preguntó a quién debía agradecer aquella buena suerte.  
Al amanecer, se escondió para averiguarlo y esperó. Dos papagayos llegaron desde el cielo. No bien se posaron en tierra, se convirtieron en mujeres. Encendieron fuego y se pusieron a cocinar. El único hombre eligió a la que tenía los cabellos más largos y lucía las plumas más altas y coloridas. La otra mujer, desdeñada, se alejó volando.
Los indios maynas, descendientes de aquella pareja, maldicen a su antepasado cuando sus mujeres andan haraganas y gruñonas. Dicen que él tiene la culpa, porque eligió a la inútil. La otra fue la madre y el padre de todos los papagayos que viven en la selva.
————–
Así nació el papagayo.
 
 
 
3.- El jaguar. 
Andaba el jaguar cazando, armado de arco y flechas, cuando encontró una sombra. Quiso atraparla y no pudo. Alzó la cabeza. El dueño de la sombra era el joven Botoqué, de la tribu kayapó, que estaba casi muerto de hambre en lo alto de una roca.
Botoqué no tenía fuerzas para moverse y apenas si pudo balbucear unas palabras. El jaguar guardó el arco y lo invitó a comer carne cocinada con fuego, en su casa. Botoqué no conocía la carne cocinada y tuvo mucha curiosidad.  Aceptó el convite y se dejó caer sobre el lomo del jaguar.
—Traes el hijo de otro —reprochó su mujer, cuando llegaron.
—Ahora es mi hijo —dijo el jaguar.
Botoqué vio el fuego por vez primera. Conoció el horno de piedra y el sabor de la carne asada, de tapir y de venado. Supo que el fuego ilumina y calienta. El jaguar le regaló un arco y flechas y le enseñó a defenderse.
Un día, Botoqué huyó. Había matado a la mujer del jaguar. Largo tiempo corrió, desesperado, y no se detuvo hasta llegar a su pueblo. Allí contó su historia y mostró los dos secretos: el arma nueva y la carne asada. Los kayapó decidieron apoderarse del fuego y de las armas, y él los condujo a aquella casa remota donde había estado. Desde entonces, el jaguar odia a los hombres.  
Del fuego no le queda al majestuoso felino más que el reflejo que brilla en sus pupilas. Y para cazar, sólo cuenta con los colmillos y  las garras, y come cruda la carne de sus víctimas.
————–

Así nació el jaguar.

—————————————————
 
Leído el miércoles 27 de Enero de 2016, en el programa LOS ATRACTIVOS DE LA NOCHE, a altas horas de la noche…  

Etiquetas:

Acerca de Javier Ernesto Mendoza Aubert

Licenciado en Comunicaciones desde 1978, publicista/mercadólogo, Auditor ISO 9001:2008.

Leave a Comment

You must be logged in to post a comment.