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¿Cuándo, si no es ahora?

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Del “ya me cansé”, pronunciado por el procurador, al “ya sé que no aplauden”, dicho por el presidente, quienes ejercen el poder en México han exhibido ante propios y extraños su colosal soberbia, inversamente proporcional a su pírrica capacidad para gobernar al país.

De la “casa blanca” de la primera dama, a las casas de recreo en exclusivos campos de golf del secretario de hacienda y del presidente, lo que han mostrado ha sido la desmesura de su deshonestidad y un cinismo monumental, digno sólo del historial del PRI, pero inaceptable para un pueblo que a lo largo de su historia ha dado su sangre para que México sea una nación donde impere la justicia.

Carentes de cualquier principio ético, los poderosos en México actúan al margen de toda moral pública. Pueden hacerlo porque durante décadas han construido un andamiaje, tan político y mediático, como militar y policíaco, del que se sirven para hacer como que gobiernan, mientras roban, se enriquecen, reprimen, matan, negocian a su favor con el patrimonio nacional, debilitan la soberanía nacional y socaban los derechos humanos… entre otras rapacerías.

Las acciones republicanas, tendientes a lograr avances que beneficien a todos los mexicanos, son inexistentes; en su lugar privan insulsas ceremonias en las que quienes conforman la élite se exhiben entacuchados, para avalarse los unos a los otros, exculparse entre sí y darse ánimos para seguir por la ruta que ellos mismos han trazado.

Sin embargo, su impericia, su cinismo, su deshonestidad se han evidenciado aquí y en China, en la OCDE y en la ONU, en las democráticas redes sociales y en medios tan de derecha como The Economist. El descrédito de quienes gobiernan en México es inmenso; también lo es su voluntad de seguir gozando de las mieles de un poder gandalla, que traicionando un mandato popular, sólo ejercen para beneficio de la alta burocracia y los dueños del gran capital, que más que sus socios parecen ser sus patrones.

Parafraseando un conocido dicho, el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante escribió: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de sus presidentes”. Parafraseando la paráfrasis, hace unos meses hubiéramos podido decir: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de la apatía de los mexicanos”. Ahora no. El atentado contra los normalistas de Ayotzinapa y la exhibición de las casas que un contratista negocio con el presidente, la primera dama y el secretario de hacienda, han ofendido profundamente a millones de mexicanos, quienes ahora parecen estar en condiciones de tumbar este régimen, para instaurar uno nuevo, en beneficio de toda la nación.

Pronto, México deberá actualizarse de acuerdo a su potencial, refundarse como nación y convertirse en un Estado respetuoso con los suyos y respetable para los otros. Es eso o el infierno de vivir bajo una dictadura atroz, cuyas garras ensombrecen su presente.

@Vegdelanoche

Nota editorial de la emisión del 4 y 5 de febrero de 2015 de #LosAtractivosDeLaNoche, programa de radioamlo.org, que se transmite los miércoles desde las once de la noche hasta altas horas de la madrugada.

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