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Contra la realidad simulada: ¡La poesía!

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Octavio Paz de jovenDe repente los acontecimientos nacionales no parecen ocurrir de acuerdo al destino que cada país tiene el derecho a forjarse, sino conforme al del guion de una equívoca serie televisiva, que ni siquiera puede considerarse una comedia de equivocaciones.

Viene Obama, cae el Chapo… y a la bio a la bao, que lo sepa el mundo, qué viva la seguridad que requieren las compañías que habrán de venir por nuestro petróleo y parte sustancial de la renta que produce, cuyos dividendos debería pertenecer sólo y nada más que a la nación, es decir a México y los mexicanos. Y todo para que después uno se entere que existe la posibilidad de que el poderoso capo sea convertido en ¡testigo protegido!

Y ahí se la llevan, llevándose también al país entre las patas, a fuerza de rituales que simulan ser republicanos, golpes mediáticos orquestados y autoritarismo acendrado que no duda en utilizar cualquier medio a su alcance para lograr sus fines.

Ante el presente convertido en tan vulgar espantajo, de alguna u otra forma el ciudadano consciente, el ser racional, el individuo libertario, o rescata su existencia o cae en la desesperación o se rinde mediatizado ante el poder. La tercera posibilidad, darse por vencido, tal está lejos de quienes apuestan por el rescate de México y mantienen su voluntad invicta; la segunda, enloquecer ante tan adversa situación, es un riesgo que nos acecha en la vigilia e incluso nos roba horas de sueño; la primera, rescatar nuestra existencia, es casi una obligación y es una acción posible.

Para realizarla, y así rescatar nuestra existencia (la de cada uno de nosotros; la de cada una de nosotras) yo recomiendo, por ejemplo, la lectura de dos poetas mexicanos: Efraín Huerta y Octavio Paz. Ambos fueron jóvenes al mismo tiempo y en el mismo lugar. Y, sin embargo, sus obras son tan diferentes…
Gran parte de mi generación, la que nació 40 años después que los ahora centenarios seres de la mitología poética, se dividió en pacianos y huertianos, que era como decir “intimistas” o “sociales”. Por un lado los exquisitos y por otro los coloquiales. Aunque estuviéramos tomando de la misma botella, acá los unos, allá los otros.

Es agradable recordar aquellas arduas discusiones. Y alegrarse, al cabo del tiempo, de la existencia de tan grandes poetas, cuando cada relectura nos revela a las palabras como un milagro: estallido que sacude la conciencia o correr del viento que la acaricia.

La lectura y relectura de Efraín Huerta y de Octavio Paz, además de un sentido homenaje ahora que están por cumplirse cien años de su nacimiento, es útil para rescatar partes fundamentales del ser, avivar el ejercicio de la imaginación y enfrentar con éxito la incierta mascarada con la que nos presentan la realidad nacional.

@Vegdelanoche

Nota editorial leída el 25 de febrero de 2014 en #LosAtractivosDeLaNoche, programa de radioamlo.org, que se transmite los martes de diez de la noche a una de la mañana.

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