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Censistas y encuestadores del INEGI contra la Escuela Pública

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Luis Hernández Montalvo

Las anécdotas se vienen sucediendo de escuela en escuela; se comenta en los pasillos con sigilo y con miedo. Los censistas de escuelas y maestros se presentan a las escuelas sin tener un horario fijo. El único que es enterado es el director de la escuela, el cual puede avisar a todo su personal o solo a los amigos e incondicionales.

Una vez que el funcionario ¿De la SEP o del INEGI? ha llegado a la escuela, solicita al director una serie de papeles como nombramientos, horarios de clase, etcétera. Que un maestro o maestra está incapacitada, y no se encuentra en la escuela, la nota que le ponen a su ficha es de “N0 se encontró”.

Que el maestro o maestra es de hora clase y ese día no se presenta a la escuela, la nota que le ponen es de “No se encontró” La actitud es de prepotencia y de intimidación a los trabajadores.

¿En qué momento el aparato burocrático de la Secretaría de Educación Pública; se extravió entre las toneladas de informes anuales solicitados a los maestros de educación básica y media superior, por triplicado, o por quintuplicado, de los profesores a los directores; de los directores a los supervisores, de los supervisores a los Jefes de Sector y en el caso de Puebla, de los jefes de sector a las Coordinaciones Regionales de Desarrollo Educativo y de estas a la SEP?

La burocracia educativa fue sepultada en los laberintos de la ineficacia; la corrupción y en la falta de transparencia. En varios estados los datos fueron abultados para demandar mayor presupuesto de la federación. Los gobernadores y en general, los gobiernos locales hicieron de la no transparencia un gran negocio; al grado de que ahora, se dice, los funcionarios no saben ni cuantos maestros existen en servicio y mucho menos, tienen un censo de escuelas por nivel educativo y por entidad educativa.

Es la hora en que ni la SEP; ni la Secretaría de Hacienda y Crédito Público; y mucho menos los cultísimos diputados y senadores del Congreso de la Unión y de los Congresos Locales tienen una idea de cuantos maestros y escuelas existen en el país y en cada una de las entidades federativas. Me pregunto ¿Cómo y con qué criterios se designan y aprueban los presupuestos anuales del gasto educativo? ¿Con qué información confiable se dice que casi todo el presupuesto se destina al gasto corriente y a los gastos de servicios personales?

Aproximadamente el 97.2 por ciento se va en pago de salarios y que 8 de cada 10 pesos gastados en el servicio educativo, se utiliza para pagar sueldos y salarios ¿Y a estas alturas, nadie sabe cuántos maestros hay en cada uno de los niveles de educación básica y media superior existen, y cuantas escuelas dan el servicio educativo?

¿De qué tamaño es la corrupción en el sector de educación en nuestro país? ¿Y los Programas Sectoriales? ¿Y la administración estratégica?

Nadie puede negar que en México, el gasto educativo –como el gasto en general- se le da un uso político, dependiendo de los partidos y de la habilidad de cada gobernador en su relación con la federación. Este gasto educativo como podemos ver, no se ajusta a las normas mínimas de transparencia, lo que vulnera de manera sensible la confiabilidad en la administración y en los gobernantes.

Pero si no hay transparencia en el número de maestros y escuelas de educación básica y de educación media suprior; tampoco existen indicadores para medir el impacto real del gasto educativo. ¿Cómo se instrumentan y con qué criterios los programas destinados al desarrollo educativo?

Pero si no se conoce el número de maestros y escuelas ¿Se conocerá el número de alumnos y como se calcula el gasto educativo por estudiante en educación básica y media superior?

Algunos datos estadísticos indican que por ejemplo en 2006, el gasto por alumno de educación básica era de 1600 dólares y que comprendía a los alumnos de primaria y secundaria; pero en educación media superior, la cantidad ascendía a los 2800 dólares por alumno; lo que al contrastarlo con el gasto por los demás países miembros de la OCDE, en dónde el gasto fue mucho mayor en educación primaria y secundaria, de 5450 dólares; mientras que en educación media superior fue de 6600 dólares por alumno, en contraste con los 2800 dólares por alumno en México. ¿Cómo entonces se busca que nuestro sistema educativo sea competitivo con el resto de miembros de la OCDE?

Ahora toda la ineficacia burocrática de la SEP y sus secuelas de corrupción se la han cargado a los maestros. En todo el país, miles de ex comisionados del SNTE vienen ejerciendo su labor de encuestadores y censistas bajo las siglas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía. En el estado de Puebla, el ex Secretario de Educación Pública en el estado, es el responsable de “transparentar el sector educativo en la entidad”. Su cargo, seguramente tiene sus nexos con la también ex Presidenta del CEN del SNTE, la señora Elba Esther Gordillo; así de esa manera, los responsables de detectar a los aviadores del sector educativo, son parte del problema que la propaganda dice podrá erradicar. El negocio cuesta a los contribuyentes más de 500 millones de pesos.

Los directores y supervisores han puesto en movimiento un colosal aparato de recepción de papeles, documentos y datos personales y del histórico laboral de cada uno de los maestros de México, desde la fecha de ingreso a la SEP, número de expediente, nombre de las instituciones donde ha laborado el maestro desde su ingreso hasta la actualidad, categorías, nombramientos, horarios y cargas de trabajo, estudios realizados por el trabajador, dirección, teléfono domiciliario y celular, correo electrónico, claves, estudios y especialidades, nombres de las escuelas, claves presupuestales…

No sabemos quién procesará toda la información, cuando todo mundo sabe –es el caso del estado de Puebla- la SEP, no ha logrado digitalizar sus procesos burocrático-administrativos, a pesar de contar con un elefante blanco denominado Centro Estatal de Tecnología Educativa y de la inversión de más de un millón de pesos en este intento.

Pero hay algo más, los censistas del pretendido INEGI, no solo levantan el censo de maestros y escuelas; también vienen aplicando una encuesta aplicada a los niños y jóvenes de educación básica y media superior, en donde alumnos y padres de familia contestan una serie de preguntas inducidas, desde su opinión de su escuela y del trabajo de sus maestros. De los problemas que tengan con sus maestros o que hayan tendido con su maestro o con otro maestro actual o anterior.

Después de las campañas contra la educación pública y el trabajo de los maestros por los principales medios de comunicación masiva como las televisoras y películas como “De panzazo”, ¿Dígame que opinión positiva pueden tener los padres de familia del trabajo de los maestros de sus hijos? ¿Cómo podrán opinar de manera distinta los padres y los alumnos cuando hay un gran distanciamiento entre padres y educadores? (10-10-2013)

luis3571@gmail.com

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