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Anarquismo: los motivos de la rabia

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LAURA CASTELLANOS

El Universal

Los jóvenes anarquistas mexicanos han ganado presencia en los últimos años. Ellos, como los okupas de Wall Street y los indignados españoles, confrontan al sistema de dominación. Los más radicales atacan, incluso con bombas de fabricación casera, las edificaciones simbólicas del neoliberalismo. Esta crónica es un viaje al universo de un movimiento contestatario que tiene presencia en casi todos los estados del país

Por Laura Castellanos. Fotos Luis Cortés

| domingo, 24 de febrero de 2013 | 00:10

La madrugada del 27 de junio de 2012 echaba su manto clandestino sobre la figura de Mario López, un joven que caminaba por una silenciosa calle del sur de la Ciudad de México. Transportaba dos artefactos explosivos en su mochila. Sólo media hora había demorado en elaborarlos con un reloj temporizador. Los hizo con artículos que no le costaron más de 300 pesos, adquiridos en una tlapalería. Uno explotaría en las instalaciones del Partido de la Revolución Democrática (PRD), el otro detonaría en una de las oficinas del Instituto Federal Electoral (IFE). Así protestaría contra las elecciones presidenciales, “un circo”, a realizarse en cinco días. Las bombas estallarían una hora después de su instalación para no causar daños a civiles.

Al llegar a la esquina de Londres y Vicente Guerrero, a cuatro cuadras del centro de Coyoacán, uno de los artefactos explotó inesperadamente en su mochila. Un destello de luz acompañado de un zumbido resplandeció a su espalda. Pensó que era un auto. El impacto de la detonación lo lanzó al piso, lo dejó inconsciente. La descarga le voló un pedazo del muslo derecho, lesionó su antebrazo, incendió su pantalón, la sudadera. “Me paré, me quité la sudadera, intenté correr y me caí”, dice. La pierna herida no le respondió. Quedó tirado en el piso.

Lo llevaron al hospital Rubén Leñero. Y luego al Reclusorio Sur. En los interrogatorios le preguntaron si le habían pagado para boicotear las elecciones. “No”, dijo. “Soy anarquista individual”. Su reivindicación política tuvo consecuencias. Mario asegura que la Policía de Investigación del Gobierno del Distrito Federal (GDF) lo torturó físicamente, pero no quiere hablar del asunto. “Quiero dejarlo así”.

Tripa, como le llaman sus amigos, pertenece a una generación de jóvenes anarquistas de clases populares, la mayoría de hogares marcados por la pobreza, muchos de los cuales dejaron de estudiar para trabajar o porque se inconformaron con el sistema educativo. Ellos buscan derrumbar “el sistema de dominación” a través de ataques incendiarios contra instalaciones simbólicas del neoliberalismo: edificaciones políticas, cajeros automáticos bancarios, restaurantes de comida rápida, mega proyectos en construcción, automotrices, tiendas departamentales…

Esta generación ha estado presente en protestas ocurridas en Grecia, Italia, Chile, España y México, entre otros países. En pocos años, el fenómeno ha transitado de pequeñas acciones hacia un proceso ascendente de violencia y selectividad de objetivos.

En México primero apareció la expresión ecoanarquista en 2007, influenciada por activistas ingleses que hacen pintas, selladura de candados de carnicerías y peleterías, liberación de animales de criaderos o tiendas de mascotas en protesta por la explotación animal para consumo humano y contra la destrucción de la naturaleza. Un año después iniciaron los sabotajes con bombas molotov a cajeros automáticos bancarios y a restaurantes de comida rápida. A partir de 2009 repuntaron las células de carácter insurreccional que con sus sabotajes incendiarios buscan contagiar a otros, o incluso, detonar una insurrección popular. A partir de 2010 algunas células más radicales han enviado más de una docena de paquetes bomba a objetivos políticos, económicos o científicos que en su opinión son responsables del sometimiento humano o la devastación de la naturaleza.

La corriente insurreccionalista ahora gana presencia. En una entrevista cibernética con uno de los teóricos de la Tendencia Informal Anarquista (ITA), afirma que ésta se creó en 2010 y ha actuado en Ciudad de México, Chihuahua, Estado de México, Guanajuato, Morelos, Hidalgo, Baja California, Querétaro, Sonora, San Luis Potosí, Jalisco, Oaxaca, Veracruz y Michoacán, sin que haya un cambio de planes de ataque a partir de la toma de posesión de Enrique Peña Nieto. En su mensaje, en el que con un estilo contestatario usan la “x” en lugar de la “@”, escribió: “No existe una estrategia de lucha contra Peña y el GDF, para nosotrxs la conflictividad permanente es parte de nuestra cotidianidad y se manifiesta en el ataque consecuente contra todas las instancias de poder y el sabotaje constante al sistema de dominación, sin importarnos si el rostro que representa al poder es Peña, Mancera, López Obrador o quien sea”.

Gabriel Regino, criminólogo y ex subsecretario de Seguridad Pública del Gobierno del Distrito Federal, considera que el crecimiento de esta vertiente anarquista coincide con la punta de la cresta de la crisis del capitalismo. En su opinión, no se trata de vandalismo ni terrorismo: “son conductas contestatarias que llegan en ocasiones a cometer violaciones a la ley penal”. Y pronostica: “larga vida a esta expresión, sí, todavía le queda tiempo, desafortunadamente”.

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