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Opinión sobre la génesis y futuro del Movimiento de Regeneración Nacional: Froylán Yescas

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La mitológica diosa Atenea o Palas Atenea, identificada por los romanos como Minerva, brotó de la cabeza de Zeus, el jefe de los dioses, adulta, con armadura completa y haciendo resonar los cielos con su grito de guerra. Era la diosa del combate justo, en lo que se diferencia de Ares (Marte) el dios de la matanza, justa o injusta. A pesar de su poderío, las esculturas antiguas la representaban siempre con facciones apacibles. Era más amante de la paz que de la guerra y también fue diosa de la sabiduría, de la hilandería, de la agricultura y patrona de los artesanos. Nació fuerte, desarrollada y con armas para evitar ser asesinada por los dioses maléficos que veían en su aparición el eclipse de su poder.

MORENA no nace como Palas Atenea. ¡Que alegría, si esta organización pudiera nacer de las entrañas del pueblo con todas sus capacidades desarrolladas! Pero los procesos sociales no son sencillos ni tienen fórmulas mitológicas. Lo nuevo está naciendo, pero el parto social será largo y será difícil y acosado por los poderes fácticos que ven en la aparición y crecimiento de MORENA el eclipse de su dominio.

Muchos quisiéramos ver una magnífica organización en cada congreso distrital, en los 32 congresos estatales y en el congreso nacional, que se llevará a cabo el 19 y 20 de noviembre próximo. Anhelamos constatar que es posible que mujeres y hombres libres podamos construir en lo inmediato una organización consolidada y el instrumento eficaz de la sociedad para el cambio social; una herramienta política con estructuras maduras, perfectamente armadas en lo ideológico y con todo el ánimo necesario para desafiar y derrotar civil y pacíficamente al régimen abyecto y degradado que hoy padecemos.

Los poderes fácticos: dueños de televisoras, traficantes de cuello blanco, políticos corruptos, especuladores y agentes de trasnacionales, todos ellos tienen claro que la aparición de una fuerza social organizada y dirigida con la enorme autoridad moral que tiene Andrés Manuel López Obrador entre millones de mujeres y hombres de todos los municipios, ciudades, barrios, colonias, ejidos, rancherías, pueblos de México, será el fin de sus privilegios, canonjías e impunidad. Por eso, utilizarán todos los recursos a su alcance para evitar que nazca MORENA y se desarrolle cabalmente.

Decía el Quijote manchego que no debe ponerse vino nuevo en odres (recipientes) viejos, consejo que significaría que la actividad política ética, justa y entregada de los militantes de MORENA no debiera verterse en las caducas instituciones partidarias que hoy conocemos; también se podría señalar que no es conveniente vaciar vino viejo en odres nuevos, como advertencia para no trasladar prácticas antidemocráticas, sectarias y carentes de fraternidad a la nueva organización que se está gestando.

Queridos amigos: a través de llamadas, pláticas, reuniones y por las redes sociales conozco múltiples denuncias y casos de gente excluida de los procesos distritales de MORENA. En algunos casos se trata de compañeros con años de trabajo y trayectorias que los acreditan. Esos casos deben corregirse a través de mecanismos que la propia organización vaya generando. Otras denuncias tienen su origen en la falta de información sobre los términos de la Convocatoria, o la premura para asistir y participar debidamente en los congresos; también abundan dudas sobre las condiciones para ser nombrados delegados efectivos y cómo registrarse en tiempo y forma y ante quién hacerlo. Esas inconformidades deben ser atendidas con respeto, decoro, paciencia y de ninguna manera conviene acusar con ligereza de “infiltrados” o reventadores a esos compañeros.

También hay quejas sobre los resultados; es decir, los que sí han podido participar en los congresos pero que no fueron electos o perciben que el mecanismo de votar por sólo dos nombres (que evita las llamadas “planchas” típicas de la conformación de planillas) arrojó resultados inesperados, ya que se elijen a los que alcanzan mayor número de votos y en ocasiones la concentración o dispersión de sufragios beneficia a algunos compañeros menos conocidos, o inclina el voto en favor de un candidato inesperado, que tomó la palabra y obtuvo la adhesión anímica -y electoral- de una parte de los asistentes. Como siempre, el número de lugares a elegir, resulta menor que los que pretenden ser electos, y eso genera enconos explicables, que sólo la madurez política atempera.

Una contradicción de origen es que se repite en todos lados que nuestra lucha no es por cargos, pero justamente los congresos distritales tienen esa finalidad, además de decidir el crucial punto de si MORENA debe conservar el status de asociación civil o convertirse en Partido Político con registro legal. Y si esto último ocurre, sucede que en cada proceso electoral venidero, sea federal o local, se estaría, en forma obligada, postulando candidatas y candidatos a cargos de elección popular. En mi opinión el problema no radica en lograr que todos los integrantes de MORENA rechacen la idea de una responsabilidad pública como si ello los llevara irremediablemente a la corrupción, sino en luchar por hacer que cada cargo, por humilde o sencillo que parezca, o por importante que sea, se realice bajo los principios de honradez, eficacia, rendición de cuentas y por períodos definidos y en general, rotativos.

Debería quedar claro que los cargos son encargos, y que los electos deben incluir a todos en el trabajo cotidiano y que nadie de buena fe será hecho a un lado, porque la organización seguirá creciendo y requerirá nuevas funciones y más activistas. Me atrevo a apuntar que si se agregara en el Estatuto un artículo transitorio que por ésta única vez las direcciones electas en todos los niveles, deban quedarse en su cargo, sin posibilidad de ser postulados, hasta después de la elección federal de 2015, la conflictividad bajaría drásticamente y se entendería mejor el espíritu de trabajo y equipo que hace falta en el período inicial de MORENA.

Las denuncias mas graves se refieren a la injerencia de fuerzas externas y de corrientes partidarias en los congresos distritales. Me parece importante señalar que hay, sobre todo en las bases de los partidos que postularon a AMLO, una inicial y natural “doble militancia”. Se identifican de corazón con MORENA pero están ligados a las estructuras de aquellos partidos. Esto no debe escandalizar y sí es motivo para iniciar una campaña que aclare y oriente acerca de la nueva situación y de nuestra propuesta organizativa. Ni es virtud intrínseca el hecho de no haber militado en ningún partido previamente, ni es patente de pureza ideológica. Puede ser que en algunos distritos y en forma deliberada y de mala fe se registren –e inclusive ganen- personas que respondan a otros intereses con la idea de “hacerse del control” de MORENA; pero aun aceptando que esto ocurra, la buena militancia seguirá trabajando y en el camino se irá distinguiendo a los simuladores de los que sí hacen bien su trabajo y que son mayoría; las instancias estatales y la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia deberán tener una presencia constante y una labor de orientación y corrección permanentes.
Tampoco me parece buena idea adquirir y desarrollar una “identidad MORENA” a partir de vocear una y otra vez los vicios y errores de los otros Partidos, señaladamente el PRD. Nuestra organización no nace para enfrentar al PRD, sino para ser el instrumento de cambio que la sociedad requiere. Nuestro adversario es el grupo salinista que controla y saquea al país. Y sin temor a equivocarme puedo asegurar que al día de hoy, muchos perredistas valiosos que no han optado por irse con nosotros podrían hacerlo en el futuro si en verdad construimos un referente ético poderoso. No todos los integrantes actuales de MORENA somos químicamente puros y también puedo afirmar que entre los petistas, perredistas o integrantes de otras asociaciones sociales hay mujeres y hombres valiosos con los que vamos a coincidir en luchas cotidianas para defender al pueblo y también en el proceso electoral de 2018. Así que mejor esforzarnos por ser lo que queremos y no desperdiciar energías en ver la paja en el ojo ajeno.

Algunos de los que hoy queden en los órganos directivos de MORENA, posiblemente se alejarán cuando comprueben que ser “dirigente” junto a un hombre como AMLO, tiene poco qué ver con espaciosas oficinas y cómodas reuniones de café y galletas para teorizar largamente sobre la coyuntura y mucho más con el trabajo en campo, casa por casa, y una intensa labor organizativa, de concientización y formación política y de llevar ánimo (mucho ánimo y aliento) información y tareas concretas a millones de ciudadanos frustrados por un régimen que hoy parece tan vivo como el de Porfirio Díaz en los albores del siglo XX. Y seguramente muchos que en este período no resulten electos pero sigan luchando como saben hacerlo, a la postre se integrarán en otras responsabilidades que serán fundamentales para el éxito de la organización.

Debo decir con orgullo que también se han llevado a cabo congresos distritales festivos, incluyentes y participativos, y han resultado electas mujeres que desde la base han demostrado pasión, capacidad, liderazgo y compromiso verdadero; hombres íntegros que son la semilla para desplazar a una clase política degradada y corrompida. Eso también tenemos que valorarlo, aquilatarlo en su justo término. No debe soslayarse, por razones personales, por más legítimas que sean, el enorme esfuerzo, de alcances históricos, que está encabezando Andrés Manuel López Obrador.

Hay errores, insuficiencias e incluso fallas graves en algunos distritos, sí, y no hay que ocultarlos ni negarlos, sino construir los mecanismos expeditos y adecuados para corregirlos. También hay un caudal de militancia honesta y renovada, dispuesta a todos los sacrificios en aras de lograr el cambio de régimen y el renacimiento de México.

La lucha sigue, la esperanza, como la vida, se renueva.

¡Viva México!

Froylán Yescas, militante de base del Movimiento Regeneración Nacional y Coordinador de la organización civil Flor y Canto.

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