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AMLO depositará ofrenda el 2 de octubre en Tlatelolco

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Imagen de AMLO en Tlatelolco durante la campaña

Como parte de la XLIV ceremonia luctuosa de la matanza de estudiantes en Tlatelolco, Andrés Manuel López Obrador depositará a las 9.00 horas de mañana, 2 de octubre, una ofrenda floral al pié de la estela erigida en memoria de “Los compañeros caídos…” en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco.

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4 Comments

  1. salsaldana

    habemos muchos que sobevivimos al 68 y esto no se olvidara nunca, se pasa de Padres a hijos y se les contara como un sistema reporesor mato a sus jovenes ciudadanos que pedian un cambio para una mejor forma de vivir, han pasado 44 anios y seguimos igual, los jovenes siguen en las calles pidiendo justicia , democracia y trabajo , el sistema les responde con la nueva reforma laboral, corrupcion como democracia y una inseguridadad con una mortandad escalofriante , recordamos a nuestra generacion como los marttires de 68 acaso se repetira la historia y veremos a los jovenes como los martires del 20l2??????

  2. Jorge

    “VIVI LA EXPERIENCIA DEL 2 DE OCTUBRE DEL 68 EN TLATELOLCO”

    El dos de Octubre arribé a la plaza de Tlatelolco por el lado del eje central, un poco antes de las cinco de la tarde. Caminé hasta el frente del Edificio Chihuahua antes de llegar a ese lugar recuerdo haber visto a un padre de familia joven acompañado por dos pequeños; uno de ellos en uno de sus brazos, el otro niño a su lado y él con una pancarta en la otra mano que decía
    “Mi esposa no vino por estar enferma pero estoy yo aquí con mis pequeños hijos”. Un grupo de ferrocarrileros se identificaba con una manta de apoyo al Movimiento Estudiantil. Calculé una asistencia de alrededor de 10,000 personas.
    Una vez que estuve cerca del edificio Chihuahua me senté en las escaleras situadas al frente. El mitin inició a las 17 horas, la intervención de los oradores se sucedía tocándose diversos temas relativos a la represión y golpeteo del gobierno del cual fue victima el movimiento: lo más reciente, la toma de Ciudad Universitaria el 18 de Septiembre y la toma del Casco de Santo Tomás el 23 del mismo mes, se anunciaba que el mitin concluiría ahí, que no habría marcha a este último lugar, como originalmente se tenía previsto, que no se hiciera caso a las provocaciones, en un momento dado poco antes de las 18 horas, la gente ubicada en los extremos empezó a correr gritando “Ahí viene el ejército” mientras los lideres, desde el balcón del Chihuahua exhortaban a la calma no corran compañeros decían, cantemos el himno nacional. Yo fui de los ilusos que me mantuve ahí levantamos la mano haciendo la “V” de la victoria al tiempo que cantábamos el himno nacional, los oradores seguían hablando. De repente pude ver claramente a un individuo de gabardina color caqui, guante blanco disparar hacia el cielo toda la carga de su pistola, su acción había sido inmediata luego de que el helicóptero arrojara las luces de bengala, la reacción del ejército fue inmediata disparando contra el grueso de la gente. Todavía alguien de los líderes se atrevió a decir “son de salva” afirmación que estoy seguro de inmediato lamento pues los impactos de la metralla contra los muros era fatídicamente reales.
    La mayoría nos tiramos al suelo, ahí quedaron como mudos testigos: zapatos, anteojos, ropa, efectos personales, etcétera, bajo el tableteo infernal de la metralla nos arrastramos hasta el lado norte de la plaza, lugar donde me incorporé y caminé hasta llegar al edificio 15 de Septiembre la metralla retumbaba, zumbaban las balas, produciendo ruidos espantosos al impactar contra los muros, cristales y puertas aquello era un escenario de guerra. Muchas mujeres con lágrimas en los ojos hicieron frente a los soldados reclamándoles por que disparaban contra su pueblo estos apenas se inmutaban, habían sido adoctrinados, luchaban contra una insurrección comunista los ahí presentes éramos sus enemigos.
    Perdí la noción del tiempo, serían quizá las 19 horas cuando seguí los pasos de un camarógrafo extranjero, poniendo mis manos sobre la nuca me fui tras él en dirección al eje central, llegamos y al intentar yo cruzar, fui avistado por un grupo de soldados que localizados tras el puente que comunica la unidad dos con la tres de Tlatelolco me ordenaron: “regrésate hijo de tu puta madre que te quebramos”. No tuve alternativa, rogué a Dios no ser muerto en una forma tan inútil, sabía que debía vivir para seguir luchando. Dios me escucho. Sin rumbo fijo caminé refugiándome en el edificio Churubusco (derruido después del terremoto del 85) subí a varios pisos, toqué inútilmente en varios departamentos, nadie abría su puerta, regresé y me mantuve en el área de elevadores del primer piso había muchos muchachos, nos hicimos compañía.
    La balacera por ratos se hacía menos intensa, en otros arreciaba, en un momento de relativa calma bajé las escaleras y me asome en la planta baja, un pelotón de soldados se encontraba ahí. Inocentemente pregunté al teniente al mando si ya podíamos salir y me contesto si, salgan con confianza; detrás de mí se vinieron todos, de inmediato se nos ordenó ubicarnos con brazos y piernas abiertas contra los muros. Fui despojado de mis pertenencias: documentos de identificación anillo de graduación de Vocacional, plumas, dinero todo lo de valor. Iniciaron con quien le tocó ser el primero de esa posición un interrogatorio acompañado de golpiza con puños cerrados y culatas de los fúsiles contra la espalda, llego mi turno: a ver comunista hijo de tu puta madre, traidor a la patria, huevón, cabrón hijo de la chingada, que putas madres haces aquí, cuando ¡¡debieras estar estudiando!! ¿Donde escondiste las armas con las que disparaste? Con que somos ejército de asesinos ¿no? (se referían a los gritos con los que los calificábamos en las manifestaciones) verás como te va a llevar tu chingada madre, al tiempo del interrogatorio golpes secos con puño cerrado en estomago que deja sin aíre, golpeteo en la espalda con culatas de los fusiles de asalto, puntapiés que dejan sangrando mis espinillas, minutos que fueron eternos, sigue el otro dirían.
    Fui formado al nivel del primer descanso de las escaleras en un momento en el que un grupo de mujeres y niños que ahí estaban refugiados bajó aproveche para escabullirme, subí al primer piso por más que toqué en los departamentos no fui auxiliado, subí al segundo piso volví a insistir sin resultados llegué al tercero y por fin la familia del 302 abrió la puerta y me dejó pasar.
    Dentro, quizá más de una docena de muchachos compartía el miedo de que era yo preso. Conforme la balacera se acrecentaba todos nos tirábamos boca abajo contra el piso sentándonos en los muebles cuando amainaba el tiroteo. La familia de este departamento fue siempre amable, compartía con nosotros la indignación de ver lo que el ejército hacía.
    Al igual que a los demás se me ofreció un café mismo que era muy difícil tomar, mí cuerpo temblaba todo haciéndose más manifiesto en las extremidades, por la misma razón mis quijadas castañeaban incontrolablemente, pensamos moriríamos sin posibilidad de defensa, cual vil perros.
    El tiempo transcurría horriblemente lento. Alrededor de la una de la mañana del día 3 de octubre empezamos a escuchar ruidos, disparos y gritos cada vez más cercanos; el ejército había empezado a catear cada departamento, venían haciéndolo desde el último piso. La sensación de temblor de cuerpo y de miedo fue más intensa conforme se percibía estaban más cerca, el golpeteo de los casquillos de las botas de los soldados se percibió mas audible, de repente fuertes golpes a la puerta ¡¡ Ejército Nacional!! ¡¡Esto es una orden!! ¡¡Abran la puerta!! Un momento contestaron los señores del departamento. Cuando abrieron la puerta y el comandante de ellos nos vio ordenó: todos con las manos sobre la nuca, hijos de su chingada madre.Ya en la parte de abajo la misma receta de golpes e insultos, mucho tiempo contra la pared para rato después ser conducidos a través de una fila doble de granaderos, policías judiciales; antes de pasar por ella fui tomado por un granadero del cinturón al tiempo de ser golpeado por éste a dos metros de mi otro granadero enfiló contra mí utilizando su tolete como lanza contra mi estomago al momento del impacto sentí un terrible dolor que me dejo sin aíre, fui aventado para cruzar esa doble fila y al hacerlo los agentes represivos así formados lanzaban contra quienes por ahí pasábamos múltiples golpes de toletes, puños puntapiés golpes que se fueron repartiendo hasta ser subidos a las camionetas cerradas que se conocían como “Julias”. Una vez que fue llenada donde me tocó, el vehiculo arranco parando minutos después los policías que iban custodiándola parados en la tarima de la misma abrieron la puerta trasera ordenando se les entregaran todo el dinero que se trajera que ahí nos soltarían, rápido quienes traían dinero lo soltaron entregándolo a estos pillos mismos que al recibirlo de nuevo cerraron las puertas arrancando nuevamente la camioneta, pasaron minutos que se hicieron eternos, por fin el vehiculo se detuvo abrieron las puertas y ordenaron bajar. Una vez que lo hicimos fuimos formados, estábamos nos dijeron, en el campo militar No 1 quien nos dirigía la palabra dijo ser el General Domínguez, manifestó ser conciente del idealismo y actitud espontánea de la juventud para tomar bando por la justicia pero que en este caso del movimiento estudiantil habíamos sido vilmente engañados por líderes comunistas que estaban saboteando los juegos olímpicos que las ideas comunistas que estos líderes propalaban, eran ideas exóticas ya pasadas de moda que Carlos Marx y Enrique Engels (Sic) no tenían que hacer nada frente a nuestros héroes patrios como Francisco Villa, Venustiano Carranza y Emiliano Zapata, que el Sr. Presidente de la Republica nos había salvado a través del ejército de una conjura comunista que ahí estaríamos mejor que en nuestras casas que entregáramos las agujetas de nuestros zapatos y los cinturones para no atentar contra nuestra propia vida. Hecho esto fuimos conducidos a una celda muy grande con literas dobles dispuestas unas frente a las otras; ninguna tenía colchón, la lámina pelona, ¿como dormir? Nuestros cuerpos estaban molidos a golpes dentro de la celda compartíamos el dolor común de haber sido golpeados, maltratados vituperados como traidores a la patria unos con otros comentamos como habíamos sido atrapados, muchos sin deberla ni temerla, solo por pasar por ahí, había extranjeros entre ellos un libanés fue una madrugada de no poder conciliar el sueño hacía frío y nuestro único cobijo era nuestra propia ropa.
    Al tercer día de encierro fuimos llevados a unas oficinas grandes, lugar donde se encontraba personal de la PGR mismos que nos tomarían declaración: ¿como te llamas? ¿A que te dedicas? ¿Dónde vives? ¿Qué religión profesas? ¿A cuantas manifestaciones has asistido? Etc., etc. Luego toma de huellas digitales y fotografías de frente y perfil para ser fichado. La mayoría veíamos a estas personas con profundo desprecio y nos preguntábamos por que ellos como asesinos no debían de estar como acusados.
    Los días transcurrieron muy lentamente los soldados que custodiaban la celda a pregunta nuestra de cual sería nuestro fin nos decían que estábamos sujetos a ley marcial, que seríamos juzgados y que los que se determinara que eran inocentes saldrían libres y los que no serían fusilados ya agregaban: ¿escucharon los disparos de anoche? Pues fue el cuadro de fusilamiento de uno de sus líderes otros soldados más sensibles nos platicaban de cómo muchas familias iban a las puertas del campo a reclamar a sus familiares que intuían se encontraban ahí encerrados, que le decían ¡¡Asesinos¡¡ pero que ellos no podían hacer nada.
    Uno de esos días conocimos a un teniente de nombre Benjamín Uriza el mismo quien vestido de civil y en defensa propia y de su madre disparó su arma de cargo contra granaderos que los agredían al llegar al edificio Miguel Hidalgo de Tlatelolco donde vivían en fecha 23 de Septiembre. Purgaba la pena de prisión por esas muertes en el campo militar, hasta porras le echamos por esa razón.
    La reclusión aminoró las penas, gracias a la valentía y siempre buen humor de compañeros de la Academia de Pintura de San Carlos quienes en desfile de un lado a otro de la celda cantaban al unísono: Al cielo. Al cielo al cielo quiero ir para contestarse a si mismos: si al cielo quieres ir cómprate tú carrujo de marihuana fúmatela y échate a volar al cielo al cielo al cielo quiero ir……….
    La noche del 8 de octubre fuimos sacados de la celda y conducidos al patio donde la madrugada del tres fuimos recibidos. De nueva cuenta el General Domínguez: “Gracias a la magnanimidad del Sr. Presidente de la República Licenciado Gustavo Díaz Ordaz ha dispuesto que sean ustedes liberados esta noche, se les llevará en pequeños grupos a diferentes partes de la ciudad se les pide no armar desmanes, váyanse directos a su casa su familia los recibirá con gusto.
    Mi grupo fue liberado a la altura de la fuente de PEMEX en las lomas de Chapultepec un compañero me dio unas monedas para el transporte había corrido el rumor por parte de soldados que en el toreo de cuatro caminos había familias enteras, padres de familia esperando a los liberados pues trascendió que muchos quedaríamos libres esa noche.
    Al arribar al toreo la noche era muy oscura, no había luz centenares de personas buscando a sus seres queridos portaban lámparas de mano alumbrando los rostros de los jóvenes que llegábamos, muchos nombres eran gritados: Arturo, Alberto, Jorge, Mario, etc. Cuando la familia lo encontraba se fundían en un tierno abrazo y llanto de emoción por encontrar al ser amado que creían ya muerto.
    No encontré a mi familia, tomé transporte hasta llegar a la esquina de la casa, antes de llegar con Mamá llegué la tía abuela que vivía en el 219 de la Calle de Doctor Balmis, la sorprendí con mi aparición: muchacho dijo, como eres ingrato tu madre casi muere de la pena, pero gracias a Dios estás vivo, vamos con ella. Caminamos a Dr. Villada donde aún vivo en un segundo piso del Número 54, mi tía tocó y de dentro mi hermana contestó ¿Quien? Soy yo, tu tía María, al abrir la puerta mi hermana pudo verme y sin poder contener el llanto me abrazó fuertemente. Mi Mamá la había seguido preguntando quien tocaba a lo que mi hermana contestó que era yo. Todos subimos las escaleras y una vez arriba todos nos fundimos en un abrazo sin dejar de llorar habíamos pasado un trago muy amargo pero ahí estaba yo a salvo. Mi Madre me platico de todo su peregrinar en mi búsqueda, visitó nosocomios, delegaciones, centros de detención, le enseñaban, dijo, álbumes de fotos de cadáveres de quienes resultaron victimas fatales, me comentó que a cada vez que daba vuelta a una hoja sentía desfallecer ya que temía ahí encontrarme. Durante días no podía conciliar el sueño para ese tiempo trabajaba yo en la Secretaría de Industria y Comercio, Mamá fue a hablar con el Director General de Gas un Ingeniero de Nombre Francisco Sáenz y Sáenz a quien le planteo mi desaparición, y que no me fuera a quitar el trabajo. El Ingeniero muy amablemente le contestó que de ninguna manera lo iba a perder que pidiera a Dios apareciera yo con vida que sería muy bien recibido. El jueves 10 de octubre me presenté en mi trabajo siendo acogido con emoción y llanto por muchos de mis compañeros y compañeras. Pasaría mucho tiempo para recuperarme anímicamente de tal suceso tan trágico, a la fecha me produce lágrimas el recordarlo

  3. De verdad que cada vez que leemos testimonios, como el anterior; nos llena el corazon de rabia e indignacion, ; al ver los gobernantes despotas y autoritarios usan a las fuerzas publicas y hasta el ejercito cuando el deber primordial del ejercito es proteger a la poblacion civil, ; En tlateloco mas bien parecia el ejercito del presidente y no del pueblo…en atenco paso lo mismo…dos pillos con banda tricolor al pecho…el primero debiera de ser juszgado como genocida y ser fusilado y el segundo igualmente juzgado y condenado…desde aqui un saludo de aniversario a Gustavo diaz Ordaz y Enrique peña nieto

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