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¿Por qué defender a la UACM?

No se puede entender el conflicto de la UACM, sin precisar el contexto donde está surge y donde ocurre su proceso de construcción, entendiendo esta construcción como el resultado de la participación activa de los miembros de su comunidad (estudiantes, profesores-investigadores, entre otros) en los diferentes momentos por los que ha pasado en sus 11 años de vida.

En las últimas décadas se ha venido desarrollando un tipo de universidad, incluso en periodos muy específicos de la historia, que habla abiertamente de “preparar los recursos humanos que necesitamos en una economía neoliberal y para una sociedad de mercado cuya actividad central es la creación de mercancías”.

En 2001 se creó la Universidad Autónoma de la Ciudad de México con un modelo educativo con un sentido social y humanista. La persona que quiere cursar estudios universitarios en esta institución, lo puede hacer a su propio ritmo y a partir de sus necesidades y condiciones, siempre que cuente con un certificado de bachillerato sin que se le condicione el ingreso a obtener ciertos resultados en un examen de ingreso. Por ejemplo estudiantes que trabajan, personas adultas que no pudieron acceder a la educación superior en otros momentos de sus vidas y no necesariamente para ubicarse en un empleo, aunque se parte de que un estudiante bien formado con conocimientos sólidos tendrá mejores resultados en el mercado de trabajo que alguien que solo lo hace con la idea de conseguir un empleo en el mercado de trabajo. El objetivo principal es acercarse al conocimiento científico y humanista y que esto lo pueda hacer en la universidad.

 Ese es el modelo de la UACM: hay tutorías, asesorías y clases presenciales, no hay una disciplina vertical profesor-alumno, no está basado en planes de estudios finitos y rígidos, si repruebas un curso puedes volverlo a tomar.

El problema empieza con la pregunta ¿quién decide los contenidos que hay que ofrecer, en función de qué? Por ejemplo se crea una licenciatura que se llama Promoción de la Salud no para tener médicos, sino para ejercer una actividad preventiva en la sociedad, para cuidar la salud de las personas y de la sociedad en la que vivimos. Evitar daños físicos e incluso grandes pérdidas económicas en grupos sociales en los que vamos a encontrar ausencia de una cultura en pro de la salud. En ese sentido la UACM no busca satisfacer un mercado, sino busca entender y atender las necesidades del contexto en donde se ubica y aportar a la sociedad las medidas necesarias para alcanzar una sociedad más justa y equitativa.

Pero es ahí donde empieza el segundo problema: los recursos, quién mide la “eficiencia del gasto”, pretende encontrar el resultado en las cifras que hablan del número de titulados y al no ser satisfactorias desde su enfoque, se refieren al ejercicio de ese recurso como un “derroche” de la Institución. Las cifras se usan distorsionando la realidad y descontextualizando a la institución. Se enjuicia a la UACM por no tener mayores resultados de titulación, se dice que en diez años (de 2001 a 2010) sólo tuvo unos cuantos titulados, cuando los primeros cinco años era imposible que los tuviera porque los estudiantes apenas estaban cursando los planes de estudio, en todo caso los criterios para revisar el número de los titulados, tendrían que ser a partir de 2007.

Una parte de los juicios y las críticas a la UACM han dejado de lado la trascendencia de una institución concebida desde el beneficio a la sociedad, de servicio a la sociedad y a su entorno -los sectores sociales de mayor marginación en la Ciudad de México-.

 La llegada a la rectoría de Esther Orozco Orozco en 2010 ha creado una inestabilidad creciente, buscando, a toda costa, transitar a otro modelo de universidad más acotada, más a imagen y semejanza de las universidades de élite llamadas también universidades de excelencia. Ella en parte se ha formado en ese sistema de relaciones y reconocimientos; y desde esa perspectiva quiere dirigir a la UACM. Hay diversidad de opiniones al respecto, pero el gran error que cometió fue que siendo miembro del Consejo Asesor desde la creación de la UACM, nunca dijo nada del modelo, pero un día llego y declaró públicamente “esta Universidad es un fraude” y ahí se profundizó un conflicto que mantiene divorciada a la rectora de una importante parte -la mayoría- de la comunidad universitaria.

Esa torpeza de comunicación golpeo su imagen pública a la que se han venido sumándose nuevos problemas y cuestionamientos sobre su persona y su gestión: errores administrativos, la retención ilegal de cuotas al sindicato, el trato hacia los académicos y estudiantes, las denuncias de despidos a trabajadores y académicos, violencia hacia estudiantes críticos por parte de colaboradores cercanos, nepotismo y la discrecionalidad en el uso de los recursos universitarios. Algunos de estos rubros han sido dados a conocer por investigadores reconocidos de otras instituciones de educación superior.

La pregunta final es ¿Cuánto estamos dispuestos a invertir en nuestra sociedad y particularmente en los sectores sociales marginados? ¿Qué acaso la educación no ha sido vista como una inversión?, A partir de ahí habrá que responder desde qué perspectiva queremos medir su eficiencia y eficacia.

Enrique Valdivia.

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