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Jaime Avilés Desfiladerito: Nuestro Berlusconi

Fuente Fuentes Fidedignas

01 de septiembre de 2012

Por eso me quieren, se decía el decrépito Silvio Berlusconi, porque hago grandes fiestas con prostitutas adolescentes y les pago con el dinero de los impuestos de ustedes: por eso me envidian, y aunque mi forma de vida, mis lujos y mis excesos chocan con sus principios, vuelven a votar por mí y me reeligen porque soy su héroe, el que logra cada vez que se le antoja cumplirse caprichos a los que ustedes jamás se han atrevido y si tuvieran la fuerza interior para llevarlos a cabo no podrían porque son unos pobretones de cuarta.

¿A poco no pensarán lo mismo quienes votaron consciente y voluntariamente por Peña Nieto? Mató a su primera esposa y siguió tan campante, dispuso de todas las mujeres que le abrieron el apetito de la bragueta, robó sin límite ni recato, disfrutó la golpiza que sus esbirros propinaron a los campesinos de Atenco, se ganó el respeto y el apoyo de los jefes de jefes de los narcos, en tres palabras, ¡es un chingón!

Monstruos gemelos, Peña Nieto y Berlusconi representan casos de éxito extremo dentro de la clase política mundial: amados por las mujeres, adorados por los hombres, multimillonarios en dólares, incultos, ineptos, amorales, perversos, frívolos, tontos, carentes de piedad, son los grandes timoneles de nuestros días y aplican al pie de la letra las medidas que les dictan los dueños del mundo para mantener tasas adecuadas de muertes masivas, destrucción del medio ambiente y concentración de la riqueza planetaria en unas cuantas cuentas bancarias.

En la Tierra somos miles de millones –¿les gusta la cifra de cinco mil millones?– que al ser extraídos o expulsados del vientre materno en realidad no llegamos al mundo sino que salimos sobrando. Unos porque nacen en condiciones de pobreza extrema y sucumbirán a la miseria causando el mayor daño posible a sus semejantes con tal de arrebatarles cada día un pedazo de pan sacado del basurero.

Otros porque a pesar de sus intentos por insertarse en el mercado laboral, hacer una carrera y una familia, jamás pasarán de perico perro porque el mundo no tiene un lugar para ellos, y la naturaleza tampoco. En consecuencia vivirán de frustración en frustración, utilizando todas las ofertas que los medios de entretenimiento colectivo y otras formas de control social les proporcionan para autodestruirse produciendo y consumiendo chatarra.

Salimos sobrando igualmente quienes actuamos en el ámbito de las ideas y no sabemos hacer nada útil con las manos –barnizar una silla, desarmar una plancha, formar parte de una cadena industrial de montaje– porque trabajamos con materias primas abstractas: la historia, la filosofía, la lógica, la ética, la estética, la matemática, la física, la química, la biología, la astronomía, la ciencia política…

A pesar de nuestras notorias diferencias, desde ayer existe en México –o fue simplemente reactualizada– una nueva igualdad social. Por decisión de siete urracas ladronas –repugnantes incluso por su aspecto– ahora en nuestro país somos iguales tanto quienes vendieron su voto al PRI a cambio de una cubeta de plástico –y eso será cuanto tendrán hasta el fin del próximo sexenio–, como los que se lo entregaron a Peña Nieto por su propia imbecilidad y los que nos opusimos a su avasalladora campaña: todos valemos madre. Unos por hambre y desesperación, otros por ignorancia y estupidez, otros por incapacidad e ineficacia, todos valemos madres. Ya votamos, ya no contamos.

En un sistema donde la “democracia” es un concepto que se aplica un solo día cada seis años, hemos sido devueltos a nuestro estado habitual de ciudadanos vegetativos o en conserva, del cual no nos permitirán salir hasta los próximos comicios, únicamente para que tachemos el nombre del partido o del candidato que más nos guste, depositemos la boleta en la urna y ofrezcamos la yema del pulgar para que nos la entinten mientras las “autoridades” del IFE nos meten el índice en el culo.

Con el diploma que ayer lo declaró Delincuente Erecto, y que usará como salvoconducto para llegar al Congreso o al baño de la Ibero a recibir la banda tricolor, trapo que a su vez le servirá para vivir sin pagar la renta, la comida, la bebida, la luz, el gas, la gasolina, la ropa, las putas y la cocaína durante seis años en Los Pinos, Enrique Peña Nieto, nuestro Berlusconi, continuará la matanza emprendida por Calderón, y la entrega del petróleo, el oro, la plata, el cobre y la energía eléctrica a los dueños del mundo, pero también el desmantelamiento del aparato del Estado y la reconversión del país en un simple territorio sometido a los intereses militares estratégicos de Estados Unidos.

Quienes desde la izquierda nos preparamos seis años para ganar la elección del primero de julio, ahora fantaseamos con la idea de ganar, en unos cuantos días, la guerra, tarea colosal para la que no nos preparamos y debemos por lo mismo sacarnos la idea de la cabeza. Iremos por supuesto a la desobediencia civil, acompañando a los jóvenes de #YoSoy132 y a Morena. Acudiremos al Zócalo el domingo 9 de septiembre a escuchar las propuestas concretas que planteará Andrés Manuel López Obrador y haremos nuestro mejor esfuerzo para ponerlas en práctica.

Seguiremos luchando contra los nuevos monstruos. Pero nuestras reflexiones a partir del proceso electoral que terminó ayer tendrán que ir a la raíz más profunda de los problemas que nos afectan, para que podamos iniciar una verdadera etapa de cambios y transformaciones históricas. ¿Qué sigue? De eso hablarán, espero, los Desfiladeritos de la semana entrante. Por lo pronto, hoy y mañana estaré en Twitter, en la cuenta @Desfiladero132, por si ocupan, y nos volveremos a mirar aquí el lunes.

Jaime Avilés

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